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El carnaval más importante de Europa
El carnaval más importante de Europa Reviewed by Botigues de Barcelona on Feb 17 Rating: 4.5 El carnaval más importante de Europa Barcelona celebra estos días el carnaval, una fiesta de desenfreno y transgresión que se remonta, como mínimo, setecientos años atrás. A pesar de esta larga vida y a algunas interrupciones en algunos momentos políticos, por ejemplo, durante el franquismo, el carnaval ha llegado a nuestros días con algunas características que, con algunas variaciones, se han ido manteniendo. Hubo épocas en que el carnaval de Barcelona sorprendía a los forasteros que visitaban la ciudad.

Hubo una época en que el carnaval de Barcelona era el más importante de Europa y, probablemente del mundo. Ni Río de Janeiro, ni Venecia... el referente de carnaval era Barcelona. Era un carnaval de desenfreno que dejaba sorprendidos a los visitantes extranjeros y que no quedaba circunscrito a la semana previa a la Cuaresma. El jolgorio carnavalesco empezaba justo después de Navidad. Hay documentados bailes de máscaras y de disfraces desde el día de los Inocentes.

El carnaval barcelonés, ha sido siempre un carnaval de invierno, y sus rasgos característicos han sido siempre las máscaras, los disfraces, el desenfreno y la irreverencia con una fuerte crítica hacia el poder y los excesos en la comida y la bebida. Explican las crónicas del siglo XVII y principio del XVIII que toda Barcelona era una fiesta, todo el mundo se disfrazaba e iba con máscaras. El historiador Albert García Espuche, que ha trabajado a fondo la Barcelona de 1700, tiene documentados episodios que dan fe de la importancia que tenían las fiestas carnavalescas barcelonesas.

Calderón de la Barca y el carnaval de Barcelona

Todo el mundo se disfrazaba. Todas las clases sociales participaban en la fiesta. Incluso los religiosos. En su libro Festes i celebracions. Barcelona 100 (Fiestas y celebraciones), García Espuche explica el caso de una dama que escribe a un amigo cura para decirle que cuando viniera a la ciudad, también lo harían disfrazar. Otra anécdota que cita García Espuche recoge el caso de un viajero turco que había visitado la ciudad en pleno carnaval, que explica a Constantinoble que lo que más le ha impresionado de España son los días que estuvo en Barcelona, y dice que durante ocho días parecía que se hubieran vuelto todos locos, hasta que un día -el miércoles de Ceniza- fueron a iglesias donde les pusieron ceniza en la frente y recobraron todos el juicio.

El relevo que llegó a tener el Carnaval barcelonés queda bien patente en el hecho de que grandes autores de la época lo recogieran en su obra. Así, Calderón de la Barca muestra el Carnaval barcelonés en su obra El pintor de su deshonra. No es el único autor que lo hace, pero sí uno de los más conocidos.

Más allá del baile, las máscaras y los disfraces, el carnaval tiene otros elementos destacados, como unos personajes importantes destinados a ridiculizar el poder. Así podemos encontrar al rey y la reina Belluga, con un sombrero lleno de molinillos de viento, a la reina de Catai, que es como se conocía entonces la China, o el más conocido de todos, el rey Carnaval, el personaje que ha llegado hasta nuestros días.

Los estudiantes, que siempre habían estado al frente de los jolgorios y jaranas, escenificaban la llegada de estos personajes, Belluga, la Catai o Carnaval, parodiando la llegada de los monarcas reales a la ciudad. Como mínimo hay documentada una ocasión en que la parodia de la recepción del séquito de los reyes Bellugues llegó hasta las mismas puertas del palacio del virrey y, además, pocos días antes de una auténtica visita real. De esta época solo ha quedado un grabado de la fiesta de los tesoreros celebrada el 2 de marzo de 1677 delante del palacio del virrey en honor de Juan de Austria, donde se puede ver una especie de desfile.

Los bailes de la Llotja, la Patacada y el Liceu

Lo que queda claro por los testimonios documentales que se han conservado, es que el Carnaval de Barcelona era una fiesta absolutamente participativa. Todo el mundo se disfrazaba y formaba parte de ella. El elemento contemplativo estaba poco presente, es cierto que algunos solo miraban, pero la inmensa mayoría, de todas las edades y condiciones sociales, participaban activamente en la fiesta. Era una celebración tan y tan integrada, que incluso hay testimonios documentales que nos explican que las autoridades eclesiásticas, que nunca han visto con buenos ojos este espíritu de transgresión, acababan aceptando que monjas y curas se disfrazaran, siempre que no fueran más allá en el desenfreno.

El carnaval se siguió celebrando, con los altibajos que tiene cualquier tradición que se mantiene viva durante centenares de años -el Carnaval barcelonés tiene unos setecientos años-, y durante el siglo XIX y principios del siglo XX podemos encontrar bailes de máscaras y fiestas de disfraces, no tan locas como habían sido en 1700, pero casi igual de largas en el tiempo. En este sentido, Aureli Capmany explica en Un siglo de baile en Barcelona, que la ciudad vivía, a principios de 1800, cerrada dentro de las murallas y sometida al poder militar, y que no había muchas opciones para bailar, excepto en época de carnaval, que empezaba a principios de diciembre y se alargaba casi un trimestre. Eso sí, los bailes de máscaras se hacían, normalmente, en salas de casas señoriales.

Más adelante se pusieron de moda los bailes de la Llotja y los de la Patacada. Había que pagar entrada y, normalmente, el dinero que se recaudaba iba en beneficio de la Casa de la Caridad. Más adelante se pusieron de moda los bailes de carnaval del Liceu, más elitistas.

Los manjares de carnaval

La invención de la fotografía nos ha permitido que hoy tengamos imágenes del carnaval del final del siglo XIX y principios del XX, muchas de ellas se encuentran en el Archivo Fotográfico de Barcelona. Estas imágenes nos dejan constancia de las fiestas y los bailes de disfraces, pero también podemos ver otras actividades relacionadas con el carnaval, como los desfiles, los concursos de disfraces, el jueves lardero o el entierro de la sardina el miércoles de Ceniza.

Porque otro aspecto que hay que tener en cuenta para carnaval es la comida. Es el momento de los excesos, y eso también se traduce en el ámbito gastronómico. La tradición nos ha dejado que para el jueves lardero toca comer butifarra de huevo y coca de chicharrones y participar en los ranchos, y el miércoles de Ceniza, llega de la Cuaresma, se tiene que comer sardinas, arenques y coca de recapte.

Fuente: Ayuntamiento de Barcelona.
El carnaval más importante de Europa
17 de febrero, 2012 | 0 Opiniones

Barcelona celebra estos días el carnaval, una fiesta de desenfreno y transgresión que se remonta, como mínimo, setecientos años atrás. A pesar de esta larga vida y a algunas interrupciones en algunos momentos políticos, por ejemplo, durante el franquismo, el carnaval ha llegado a nuestros días con algunas características que, con algunas variaciones, se han ido manteniendo. Hubo épocas en que el carnaval de Barcelona sorprendía a los forasteros que visitaban la ciudad.

Hubo una época en que el carnaval de Barcelona era el más importante de Europa y, probablemente del mundo. Ni Río de Janeiro, ni Venecia... el referente de carnaval era Barcelona. Era un carnaval de desenfreno que dejaba sorprendidos a los visitantes extranjeros y que no quedaba circunscrito a la semana previa a la Cuaresma. El jolgorio carnavalesco empezaba justo después de Navidad. Hay documentados bailes de máscaras y de disfraces desde el día de los Inocentes.

El carnaval barcelonés, ha sido siempre un carnaval de invierno, y sus rasgos característicos han sido siempre las máscaras, los disfraces, el desenfreno y la irreverencia con una fuerte crítica hacia el poder y los excesos en la comida y la bebida. Explican las crónicas del siglo XVII y principio del XVIII que toda Barcelona era una fiesta, todo el mundo se disfrazaba e iba con máscaras. El historiador Albert García Espuche, que ha trabajado a fondo la Barcelona de 1700, tiene documentados episodios que dan fe de la importancia que tenían las fiestas carnavalescas barcelonesas.

Calderón de la Barca y el carnaval de Barcelona

Todo el mundo se disfrazaba. Todas las clases sociales participaban en la fiesta. Incluso los religiosos. En su libro Festes i celebracions. Barcelona 100 (Fiestas y celebraciones), García Espuche explica el caso de una dama que escribe a un amigo cura para decirle que cuando viniera a la ciudad, también lo harían disfrazar. Otra anécdota que cita García Espuche recoge el caso de un viajero turco que había visitado la ciudad en pleno carnaval, que explica a Constantinoble que lo que más le ha impresionado de España son los días que estuvo en Barcelona, y dice que durante ocho días parecía que se hubieran vuelto todos locos, hasta que un día -el miércoles de Ceniza- fueron a iglesias donde les pusieron ceniza en la frente y recobraron todos el juicio.

El relevo que llegó a tener el Carnaval barcelonés queda bien patente en el hecho de que grandes autores de la época lo recogieran en su obra. Así, Calderón de la Barca muestra el Carnaval barcelonés en su obra El pintor de su deshonra. No es el único autor que lo hace, pero sí uno de los más conocidos.

Más allá del baile, las máscaras y los disfraces, el carnaval tiene otros elementos destacados, como unos personajes importantes destinados a ridiculizar el poder. Así podemos encontrar al rey y la reina Belluga, con un sombrero lleno de molinillos de viento, a la reina de Catai, que es como se conocía entonces la China, o el más conocido de todos, el rey Carnaval, el personaje que ha llegado hasta nuestros días.

Los estudiantes, que siempre habían estado al frente de los jolgorios y jaranas, escenificaban la llegada de estos personajes, Belluga, la Catai o Carnaval, parodiando la llegada de los monarcas reales a la ciudad. Como mínimo hay documentada una ocasión en que la parodia de la recepción del séquito de los reyes Bellugues llegó hasta las mismas puertas del palacio del virrey y, además, pocos días antes de una auténtica visita real. De esta época solo ha quedado un grabado de la fiesta de los tesoreros celebrada el 2 de marzo de 1677 delante del palacio del virrey en honor de Juan de Austria, donde se puede ver una especie de desfile.

Los bailes de la Llotja, la Patacada y el Liceu

Lo que queda claro por los testimonios documentales que se han conservado, es que el Carnaval de Barcelona era una fiesta absolutamente participativa. Todo el mundo se disfrazaba y formaba parte de ella. El elemento contemplativo estaba poco presente, es cierto que algunos solo miraban, pero la inmensa mayoría, de todas las edades y condiciones sociales, participaban activamente en la fiesta. Era una celebración tan y tan integrada, que incluso hay testimonios documentales que nos explican que las autoridades eclesiásticas, que nunca han visto con buenos ojos este espíritu de transgresión, acababan aceptando que monjas y curas se disfrazaran, siempre que no fueran más allá en el desenfreno.

El carnaval se siguió celebrando, con los altibajos que tiene cualquier tradición que se mantiene viva durante centenares de años -el Carnaval barcelonés tiene unos setecientos años-, y durante el siglo XIX y principios del siglo XX podemos encontrar bailes de máscaras y fiestas de disfraces, no tan locas como habían sido en 1700, pero casi igual de largas en el tiempo. En este sentido, Aureli Capmany explica en Un siglo de baile en Barcelona, que la ciudad vivía, a principios de 1800, cerrada dentro de las murallas y sometida al poder militar, y que no había muchas opciones para bailar, excepto en época de carnaval, que empezaba a principios de diciembre y se alargaba casi un trimestre. Eso sí, los bailes de máscaras se hacían, normalmente, en salas de casas señoriales.

Más adelante se pusieron de moda los bailes de la Llotja y los de la Patacada. Había que pagar entrada y, normalmente, el dinero que se recaudaba iba en beneficio de la Casa de la Caridad. Más adelante se pusieron de moda los bailes de carnaval del Liceu, más elitistas.

Los manjares de carnaval

La invención de la fotografía nos ha permitido que hoy tengamos imágenes del carnaval del final del siglo XIX y principios del XX, muchas de ellas se encuentran en el Archivo Fotográfico de Barcelona. Estas imágenes nos dejan constancia de las fiestas y los bailes de disfraces, pero también podemos ver otras actividades relacionadas con el carnaval, como los desfiles, los concursos de disfraces, el jueves lardero o el entierro de la sardina el miércoles de Ceniza.

Porque otro aspecto que hay que tener en cuenta para carnaval es la comida. Es el momento de los excesos, y eso también se traduce en el ámbito gastronómico. La tradición nos ha dejado que para el jueves lardero toca comer butifarra de huevo y coca de chicharrones y participar en los ranchos, y el miércoles de Ceniza, llega de la Cuaresma, se tiene que comer sardinas, arenques y coca de recapte.

Fuente: Ayuntamiento de Barcelona.

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